lunes, 19 de septiembre de 2011

Y ahí estábamos los dos

Y ahí estaba yo, mirándole como nunca  lo he hecho durante estos meses de mi vida, concretamente los más perfectos, comprobando que ha cambiado, pero a mi lado, que ahora sabe la mejor forma de despertarme, la mejor forma de darme las buenas noches, la mejor manera de hacerme exactamente feliz con todos y cada uno de los detalles que más aprecio.
Y ahí estaba Él, atendiendo a cada movimiento que yo daba, prestando atención a cada pestañeo, a cada paso, escuchando cada latido de mi corazón que decía su nombre, recordando cada momento que sonrió a mi lado.
Y ahí estábamos los dos, tu y yo, quizás las personas más diferentes del mundo pero, con un único destino, juntos, para siempre, se que suena repetitivo, pero siento que mi caso es especial, lo siento como algo más que todo, como la persona que es para mi,  como el irrepetible ser que me ama por encima de todo lo existente, aquel que puede llegar a leer mi corazón aun estando a miles de kilómetros de mi persona, si, porque mi alma se la entregue el primer día que comprobé que aquello que me decía eran más que palabras corrientes, eran palabras de amor, de su amor, de un amor que a día de hoy es solo tuyo y mío.
Es así de fácil, cuando conoces a esa persona, lo sientes, y no sabes exactamente el por qué pero lo reconoces, reconoces que es Él, aquel príncipe del que todos hablaban en clase de pequeñas, que tu no sabías donde encontrarlo,  y le decías a mamá que no querías que te leyera el cuento para leerlo tú, y apreciar las imágenes de ese príncipe tan esperado y ya ahí sentías curiosidad, porque hay cosas que no cambian con el paso de los años, porque hay cosas que están escritas… así como tu lo estás mi lado.
(L

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