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domingo, 26 de julio de 2015

El alba tras mis alas

Tenía tanto miedo de dejar de ser la chica de las manos llenas de historias que olvidé que mis principios sólo tenían sentido si eras tu quien hacía de mis dudas la razón por la que enamorarme de los finales entre tu pecho.

Como si en cada insomnio estuvieran escondidas tus manos bajo el cielo de los versos que aún tengo por escribir.
Como si tu espalda fuese el lienzo perfecto en el que quedarse a vivir y donde dejar que el arte sea quien grite, quien llore, quien ría, quien ame...
Como si fueras el insomnio perfecto en la noche equivocada.
Como si escribir fuera la única forma de perderlo todo y seguir estando llena.
Como si la poesía fuese la única forma de saber amar.

sábado, 17 de mayo de 2014

Norias mentales

Tal vez nuestra vida no sea más que una monótona y rebelde atracción de feria.
Todos queremos diversión, subir y bajar sin salir heridos,
queremos ser formados para una función inconcreta en la que la propia vida nos asigne
una serie de quehaceres. Negamos querer dirigir hacia donde vamos, sin tener en cuenta destinos y dejando
que nuestra noria decide si baja o sube, o si quiere detenerse para continuar en vez de seguir dando vueltas en busca de algo que ni siquiera se ha inventado, como el amor o el odio.
Es la locura la que hace girar a nuestra absurda noria. Sin motores, ni siquiera el corazón para ponerla en marcha.
El instante mágico de locura transitoria es el que nos transmite que nuestro objetivo no es girar exactamente, sino hacer que nuestra noria gire.

Apagar el sol

Con el sabor de una noche olvidada
y un último suspiro
toqué un paladar
que escondía estrellas en el
más cálido aliento.
Olvidados quedaron los caminos
entre los dedos
que desenlazaron mi destino;
de arbustos me cansé
por no haber sabido encontrar
la ironía en un tacto débil.
Su mirada perdida me era inútil
buscaba entre sombras,
direcciones ocultas
en cada lunar de mi espalda.
De piedra me vestí,
y me arropé con
el sonido de un susurro
que no sonaba más que en mi cuello.
Encontré un límite oculto en
las pesadillas de mi insomnio
al no poder mantener viva mi esperanza;
los sueños se olvidaron
de las espinas de mis párpados
y volví a contar estrellas
entre ajenos despertares
que me robaron la conciencia.