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domingo, 26 de julio de 2015

Precipitaciones

Desde el primer momento supiste
que no había dentro de mí
un sólo rincón que no estuviera vacío,
porque en realidad
todo estaba tan lleno de nada
que hasta se podía tocar.
No te hizo falta preguntar sobre
esos miedos que nunca quise contar,
porque con sólo mirarme
podías crujirme el alma y la voz,
el corazón y las dudas.

Tampoco te importó
aprender a amar mis ruinas para
enseñarme desde tus alas
todo lo que siempre intenté decir
y nunca fui capaz a penas de sentir.

Porque sólo alguien con el alma entre las manos podría hacer de mis cicatrices la poesía que hoy me hace vivir.

El alba tras mis alas

Tenía tanto miedo de dejar de ser la chica de las manos llenas de historias que olvidé que mis principios sólo tenían sentido si eras tu quien hacía de mis dudas la razón por la que enamorarme de los finales entre tu pecho.

Como si en cada insomnio estuvieran escondidas tus manos bajo el cielo de los versos que aún tengo por escribir.
Como si tu espalda fuese el lienzo perfecto en el que quedarse a vivir y donde dejar que el arte sea quien grite, quien llore, quien ría, quien ame...
Como si fueras el insomnio perfecto en la noche equivocada.
Como si escribir fuera la única forma de perderlo todo y seguir estando llena.
Como si la poesía fuese la única forma de saber amar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

20:46 p.m

Hoy me siento todos los viernes deseados 
por almas deseantes,
Todos los pasos que se pierden y 
no encuentran nada,
Las vueltas al principio y 
los comienzos al final.

Soy todas las veces que intentas gritar,
por si te oigo mientras rompo mis oídos 
sin escuchar esas voces que se apagan 
porque no me encuentran viva entre las tuyas,
La tinta que se acaba porque ya no tiene nada,
que contar. 
Soy todas las letras que no escribes,
las canciones que nadie susurra y 
las respuestas que todos me dan 
porque no existen preguntas.

Supe encontrarme al buscarte, 
al repartir mis tactos por cielos opacos,
al abandonar las líneas que no reconocen 
los instintos que he prestado a cada punto olvidado,
de la historia de tu piel bajo las sábanas 
de mis quietudes. 
Supe rendirle cuentas a las cartas que volaban 
sin la dirección del mapa de tus huesos,
buscando la brújula de tus lunares. 

Resucita en mi la primera madrugada de tus manos,
y se dirigen mis versos a tus dedos 
cada vez que tu piel roza la mía 
dejando la huella que hoy me hace persona.