Hoy me siento todos los viernes deseados
por almas deseantes,
Todos los pasos que se pierden y
no encuentran nada,
Las vueltas al principio y
los comienzos al final.
Soy todas las veces que intentas gritar,
por si te oigo mientras rompo mis oídos
sin escuchar esas voces que se apagan
porque no me encuentran viva entre las tuyas,
La tinta que se acaba porque ya no tiene nada,
que contar.
Soy todas las letras que no escribes,
las canciones que nadie susurra y
las respuestas que todos me dan
porque no existen preguntas.
Supe encontrarme al buscarte,
al repartir mis tactos por cielos opacos,
al abandonar las líneas que no reconocen
los instintos que he prestado a cada punto olvidado,
de la historia de tu piel bajo las sábanas
de mis quietudes.
Supe rendirle cuentas a las cartas que volaban
sin la dirección del mapa de tus huesos,
buscando la brújula de tus lunares.
Resucita en mi la primera madrugada de tus manos,
y se dirigen mis versos a tus dedos
cada vez que tu piel roza la mía
dejando la huella que hoy me hace persona.
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domingo, 2 de noviembre de 2014
sábado, 17 de mayo de 2014
Apagar el sol
Con el sabor de una noche olvidada
y un último suspiro
toqué un paladar
que escondía estrellas en el
más cálido aliento.
Olvidados quedaron los caminos
entre los dedos
que desenlazaron mi destino;
de arbustos me cansé
por no haber sabido encontrar
la ironía en un tacto débil.
Su mirada perdida me era inútil
buscaba entre sombras,
direcciones ocultas
en cada lunar de mi espalda.
De piedra me vestí,
y me arropé con
el sonido de un susurro
que no sonaba más que en mi cuello.
Encontré un límite oculto en
las pesadillas de mi insomnio
al no poder mantener viva mi esperanza;
los sueños se olvidaron
de las espinas de mis párpados
y volví a contar estrellas
entre ajenos despertares
que me robaron la conciencia.
y un último suspiro
toqué un paladar
que escondía estrellas en el
más cálido aliento.
Olvidados quedaron los caminos
entre los dedos
que desenlazaron mi destino;
de arbustos me cansé
por no haber sabido encontrar
la ironía en un tacto débil.
Su mirada perdida me era inútil
buscaba entre sombras,
direcciones ocultas
en cada lunar de mi espalda.
De piedra me vestí,
y me arropé con
el sonido de un susurro
que no sonaba más que en mi cuello.
Encontré un límite oculto en
las pesadillas de mi insomnio
al no poder mantener viva mi esperanza;
los sueños se olvidaron
de las espinas de mis párpados
y volví a contar estrellas
entre ajenos despertares
que me robaron la conciencia.
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